Entre los grandes temas de la
historia medieval que más interés y apasionamiento ha suscitado a
través de los siglos, ocupa un lugar destacado todo lo relativo a
los templarios, de tal forma que desaparecidos hace ya más de
setecientos años, al día de hoy siguen publicándose nuevos libros
de historia y de ficción centrados en la vida y obra de una orden
religiosa y militar que no alcanzó ni siquiera los doscientos años
de existencia.
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Fresco
del siglo XII de la Capilla de los Templarios de la Iglesia románica
de Cressac (Francia)
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La
historia de la encomienda templaria del Ventoso sigue envuelta, como
casi todo lo relacionado con estos legendarios caballeros, en un halo
de magia y misterio, y en la actualidad son escasas las noticias
ciertas que tenemos sobre los pocos más de ochenta años de dominio
templario de este territorio.
A
principios de 1230 los templarios leoneses a las órdenes del maestre
provincial Frey Esteban Belmonte ocupan y conquistan la zona
suroeste de Badajoz: Jerez, Burguillos, Alconchel, Fregenal y
Ventoso, ya que a la muerte del rey de León, Alfonso IX, el día 24
de septiembre de 1230, estos territorios ya habían sido donados a la
orden del Temple.
Sin
embargo, dos años después de esta donación y ocupación por los
templarios, en 1232 Jerez de los caballeros caerá de nuevo en manos
de los almohades. Pocos años después, a mediados del siglo XIII
será desde el castillo del Ventoso desde donde partieron los
caballeros templarios a reconquistar de nuevo Jerez.
Nos
cuenta Juan Mateo Reyes Ortiz de Tovar que el nombre de Ventoso,
viene porque fue fundada en una venta que aquí tenían los moros y
sigue: “Valencia
del Ventoso está
puesta en un llano alcanzando a una pequeña cuesta en donde estuvo
la antigua venta”.
Suponemos por esta
descripción que esa venta o
“ventorro”
de “los moros”
estaría en el lugar
donde hoy se ubica la
iglesia parroquial y el llano trasero de la Piedad y
que la población se fue poco a poco asentando en lo que hoy son las
calles más antiguas de la localidad: calles de la Iglesia, San Juan,
Plaza, Altozano, Estrella...
La
Casa del Ventoso desempeñó un papel importante bajo el dominio
templario y fue una de las posesiones más antiguas de la Orden en la
Baja Extremadura. Cuarenta años después este “Ventorro”
esta humilde venta de los moros se convierte en Villa y en cabeza de
una de las más importantes encomiendas templarias del sur de
Extremadura, después de la de Jerez de los Caballeros.
Uno
de los muchos enigmas que a
día de hoy sigue estando sin descifrar,
sobre esta encomienda
templaria del Ventoso, es la
ubicación de su fortaleza o castillo.
En las IV Jornadas de
Patrimonio Cultural de la Mancomunidad Río Bodión que se celebraron
los días 12 y 14 de abril de 2024
en Alconera y Burguillos del Cerro participamos
con una ponencia titulada:
“Una nueva hipótesis sobre la ubicación de la casa o fortaleza
templaria del Ventoso”. Tenemos
noticias de que el libro con
las comunicaciones
presentadas está ya en
imprenta y a punto de publicarse. En
dicha comunicación
proponemos y argumentamos una nueva hipótesis sobre la posible
ubicación de la fortaleza o castillo templario del Ventoso, que no
es otra que en el espacio que hoy ocupa la iglesia parroquial y el
llano trasero de la Piedad y que la actual torre almenada de la
iglesia no sería otra que la torre del homenaje de la fortaleza
templaria convertida posteriormente en torre campanario de la actual
iglesia.
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| Torre almenada de la Iglesia Parroquial |
Creemos que primero, en 1230,
fue la ocupación de la “venta musulmana” o
“ventorro” por los templarios y la
edificación y consolidación de la torre de vigilancia y cerca
defensiva, posteriormente se van asentando los pobladores diseminados
por el territorio y los colonos cristianos formando el primer
entramado urbano al abrigo y protección de la torre y fortaleza o
cerca templaria.

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| Vista de la iglesia parroquial y la torre con el Valle del Ardila al fondo |
El primer y único comendador
o baylío templario de Valencia del Ventoso del que tenemos noticias
ciertas es Frey Juan Bechao, que figura como comendador del Ventoso
entre los firmantes de un privilegio otorgado por el maestre Frey
Rodrigo Yáñez a la villa de Cehegún y fechado en Zamora en 1307.
Suscriben el fuero que otorga el maestre once comendadores, entre
ellos Frey Juan Bechao, que se cita en el privilegio como comendador
de Jerez y Ventoso.
Realmente
de los poco más de ochenta años en que Valencia del Ventoso
perteneció a la Orden del Temple, poco menos de la mitad, los
cuarenta años finales, fue cabecera de la encomienda templaria del
Ventoso, desde el año 1272 en que nace como villa y encomienda hasta
la disolución de la orden, por lo que es posible que en ese
relativamente corto periodo de tiempo sólo ejerciera un comendador
o baylío, de ahí que solamente nos haya llagado el nombre de Frey
Juan Bechao, que, además de ser el primero y único comendador o
baylío de la encomienda templaria del Ventoso de que tenemos, hasta
ahora, noticias ciertas, será el último comendador de las
encomiendas del Ventoso y Jerez, y uno de los principales
protagonistas de la leyenda de los últimos templarios, de la que
más adelante hablaremos.
No
habían pasado ni cinco meses de este capítulo de Zamora en el que
vemos a Fray Juan Bechao, cuando se desencadenó la persecución
final contra los templarios. En la primavera del año siguiente,
1308, Fernando IV reclama para la corona los castillos del temple. En
esta fechas el número de castillos en manos del Temple en los reinos
de Castilla y de León, y que reclama Fernando IV, alcanzaban el
número de veinte fortalezas, entre ellas la del
Ventoso.
Dos
años después y ante el ultimátun de Fernando IV, los arzobispos de
Toledo y Compostela citan a todos los templarios de Castilla para que
comparezcan personalmente ante la comisión eclesiástica que se
convoca en Medina del Campo para el día 27 de abril de 1310. En los
despachos de citación de los arzobispos se menciona a los templarios
que moraban en la baylía o encomienda del Ventoso. No sabemos si en
esta comisión se llegaría a algún acuerdo y tampoco se sabe nada
de la aceptación y concurrencia a la cita por parte de los
templarios. Como quiera que sea, los templarios de Jerez, Ventoso y
otras encomienda de España, se hacen fuerte en sus castillos
desobedeciendo la orden de Fernando IV.
Posiblemente
las huestes de Castilla que asedian y arrasan el castillo o cerca
templaria del Ventoso estuvieran capitaneadas por el caballero de la
corte castellana Gonzalo Gómez Candelas, persona, entonces, de
confianza de la reina madre María de Molina. Este caballero había
intrigado junto con Juan Nuñez de Lara, el poderoso y levantisco
señor de la Casa de Lara, en contra de Fernando IV y a favor de las
pretensiones al trono castellano de don Alfonso de la Cerda, pero la
prudente, la hábil y diplomática María de Molina supo atraerlo a
su lado y a la defensa de de los derechos al trono de su hijo,
Fernando IV, apartándolo de la mala influencia de los Nuñez de
Lara. Será en pago a este cambio de bando de Gómez Caldelas que
Fernando IV le autoriza a la toma del castillo templario del Ventoso
y posteriormente, el 24 de mayo de 1312, unos meses antes de morir,
Fernando IV hará donación de la encomienda templaria del Ventoso a
dicho caballero.
Desde
los primeros tiempos de la Orden de Temple, a principios del siglo
XI, hasta nuestros días, las leyendas han perseguido a los
templarios y los han envuelto con un mítico halo de intriga y
misterio. Fabulosos tesoros, reliquias sagradas, heroicos caballeros,
apariciones misteriosas,…, estos son los míticos argumentos que
conforman las innumerables leyendas templarias que se desparraman por
todas la comarcas en que dejaron su huella los caballeros del temple.
Estas increíbles leyendas, la mayoría transmitidas oralmente,
forman parte de de nuestra tradición o saber popular, de nuestro
patrimonio.
Encontramos
leyendas templarias por toda España: en Galicia,
en Castilla,
en León,
en Cataluña,
…, y
en Extremadura tenemos,
entre otras, “La Leyenda del Santo Rosal”, de la
encomienda templaria de Alconétar (Cáceres); pero la leyenda
templaria más conocida de Extremadura es, sin duda, la llamada
“Leyenda de los tristes Silbidos”, también conocida por
la “Leyenda de la torre sangrienta” o “Leyenda de los
últimos templarios” en
Jerez de los Caballeros.
“Cuenta
esta leyenda que cuando tuvo lugar la disolución de la Orden, en
1312, los templarios de la baylía de Jerez, los templarios de las
dos encomiendas del Ventoso y de Jerez, a las órdenes del comendador
o baylío de las dos encomiendas, que como ya hemos visto era Frey
Juan Bechao, decidieron concentrarse y no entregarse haciéndose
fuertes en la fortaleza de Jerez.
Según
cuenta la tradición, los templarios sufrieron un largo asedio por
parte de las huestes del rey Fernando IV, lo que obligó a los
caballeros a replegarse, poco a poco, en el castillo de Jerez. Al
final se concentraron en una de las torres de la fortaleza, la torre
sangrienta, donde cayeron prisioneros y fueron degollados sin piedad
por las tropas reales.
Se
dice que estos caballeros de la baylía de Jerez-Ventoso degollados
en la torre sangrienta fueron los últimos templarios, y que antes de
morir, todos juntos hicieron un solemne juramento. Cada uno de ellos
juró en nombre de Dios y del Templo de Salomón que volvería de su
tumba para galopar en su caballo hacia los Santos Lugares, proteger
de nuevo sus caminos y defender a los peregrinos.
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| Torre sangrienta. Jerez de los Caballeros |
Y
cuentan en Jerez que, en las oscuras noches sin luna, cuando el cielo
está negro y oscuro como la boca de un lobo, al sonar las doce
campanadas, los últimos caballeros templarios regresan de sus
tumbas, regresan de la muerte, blandiendo sus espadas, preparados
para acudir a Tierra Santa, para proteger a los peregrinos y así
cumplir sus juramentos.
Nunca
nadie ha visto a los caballeros que dieron honor y gloria a estas
tierras. Nunca nadie ha visto brillar sus armas ni sus armaduras,
nadie ha visto sus pendones ni sus túnicas blancas, ni sus cruces
rojas, nunca nadie vio nada; nunca.
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| Patio de armas y almenas. Jerez de los Caballeros |
Pero
dicen que muchas noches sin luna, cuando el cielo más negro está,
cuando resuenan las doce campanadas, todo entra en silencio; todo se
detiene y, entonces, se les oye silbar. Silban, silban sin descanso,
llamando a sus cabalgaduras, silban.
Y
en aquel misterioso castillo que fue del Temple, que vigila el valle
del Ardila desde lo más alto, retumban los silbidos en un eco
ensordecedor que resuena en el aire hasta el amanecer; hasta que
aparece el primer rayo de sol; hasta que de nuevo el cielo recupera
el color de la vida y el negro de la muerte desaparece del horizonte;
cuando los espíritus de los caballeros se retiran a su triste lugar
de descanso, cuando se retiran de nuevo a la Torre Sangrienta, porque
los caballos no han acudido a su llamada. Desconsolados y
entristecidos caballeros, incapaces de cumplir sus juramentos.
Y,
al final, llega el silencio, en el mismo momento en el que alumbran
las primeras luces del alba.”
Lorenzo
Suárez
(*)
Breve resumen de la charla que, con el mismo título, se pronunció
el 25 de julio de 2025 en la sala de conferencias del Castillo
Palacio de Valencia del Ventoso con motivo de la presentación de la
Asociación Histórica local.
Bibliografía
consultada: Reyes Ortiz de
Tovar, Juan Mateo: “Partidos triunfantes de la Beturia
Túrdula” – Martínez Díez,
Gonzalo: “Los Templarios en los reinos de España”
– Soler Seguí, Santiago: “Leyendas templarias”.